1r Premi Certamen Literari de Castellà ( Escola St Nicolau)
Un día sentado en mi butaca de piel, un discreto sonido se hizo notar en el fondo del dormitorio de Marta. Fui a ver que había sido ese extraño sonido que me había hecho distraerme de un libro muy bueno de Isabel Allende, que me había cautivado desde el primer momento. Cuando entré en la habitación no encontré nada raro, que supusiera mi distracción enfrente a los otros objetos de la habitación. Pensé que eran imaginaciones de un soñador como yo, al que los libros le apasionan tanto que le hacen imaginarse ruidos u objetos no reales. Cuando volví a mi confortable y amada butaca me senté y empecé de nuevo con el capítulo que hacía unos diez minutos escasos había empezado. La verdad es que se me pasó el tiempo volando, leyendo y leyendo esos fragmentos intercalados en diálogos sin significado, que solo intentaban que el lector encontrase figuras retóricas por medio .Cuando acabé de leerme el libro volví a oír sonidos. La verdad es que la confusión me dominaba ya que no sabía si era mi imaginación, o era verdad y no lo había oído más por la concentración que me suponía el libro. Por eso decidí adentrarme como un espía, para dar una ojeada a la habitación de Marta para ver si había alguna cosa fuera de lo común.
Entré, y a primera vista no vi nada pero a medida que me iba fijando, vi a un ser extraño. Primero, antes de ir a mirar, me pellizqué unas cuantas veces y me di unos cuantos golpes por si a caso fuese producto de mi imaginación. Pero no, lo que estaba observando en ese mismo instante, que me provocaba euforia y a la vez temor, era cierto. Quería ir a ver que era ese ser que provocaba ese ruido tan curioso y que me había distraído de mi trabajo habitual. Lo otro no me importaba, eso de que si te matan o te hacen algo o hace miedo...La gente siempre piensa en esas cosas pero yo lo único que quería saber es porque me había distraído y el porqué de su permanencia en la habitación de Marta. Entré sin temor y un poco furioso por el ruido emitido y por hacerme pensar que leer me había vuelto a la locura. Estaba debajo de la cama. Todo estaba oscuro así que sin más, abrí la luz. No sé porque pero justo cuando la abrí se oyó un sonido similar al de una serpiente en su estado furioso natural. Lo cogí, era un individuo muy particular parecido a un chimpancé pero de tamaño más reducido.
No sabía como reaccionar, que hacer, y por eso lo encerré de nuevo en la habitación de Marta a oscuras, porque me había parecido que a oscuras era su hábitat natural.
Si le tuviera que poner un nombre le pondría chimpamurciélago, pero en el caso de que hubiera descubierto una nueva especie, me lo trabajaría más ya que no es una tontería y quedaría en la humanidad de por vida.
Llamé a mi fiel tío Ernesto, que era científico especializado en animales. Se puso al teléfono, le conté lo que me había ocurrido y vino corriendo hasta mi casa a comprobarlo.
Efectivamente, era una especie nueva, pero no conseguía entender porque no la habían encontrado antes y como había llegado hasta aquí. Me dijo que se la llevaría a su laboratorio particular y que haría distintas pruebas para identificarlo. También me prometió que si se trataba de una especie muy especial no la mostraría al mundo y la dejaría en libertad. Yo le afirmé con una sonrisa en los labios y le dejé una jaula de conejos que tenía guardada desde que se me murió Paddy, mi conejo. Le dije que me la devolviese en cuanto antes porque si lo descubría Marta, que también era suyo, no le haría gracia que la jaula no estuviese en el garaje de maquinas inservibles y objetos desbaratados en la multitud de polvo acumulado durante esos diez años de casa.
Cuando se lo llevó empecé a leer unos poemas, de Pablo Neruda, "Veinte poemas de amor y una canción desesperada".
Al cabo de unos días volvió con diferentes pruebas del ser, y me comunicó todas las características y que era único en el planeta.
Me preguntó que prefería, si dar el ser a los científicos y al mundo en general o dejarlo en el anonimato. No sabía que hacer, si darlo al mundo y enriquecerme de fortuna o dejarlo en libertad. Tardé casi una hora en decidir mi elección que sería importantísima, y decidí dejarlo en libertad.
Y con emoción mi tío me dijo que con esta sabia decisión la fortuna no es mía pero sí su corazón.



