El vagamundo ( presentado al certamen vagamundos.net)
Era un día estrellado , estaba contento , ya que esto suponía que el viaje de ida hacía un nuevo destino desconocido no iría acompañado de fuertes lluvias que te dejan empapado en lugares donde no predominan los sitios de acogida . Al cabo de un rato de ver las estrellas, me fui a dormir en mi cómodo colchón que conseguí de un barracón abandonado, que debía haber sido utilizado para guardar las herramientas de campo de alguna persona que cultivase esas tierras hacía unos años y que se quedará a menudo a vigilar por la noche.
Al día siguiente cogí mis cosas y empecé a emprender camino a algún lugar en donde esperaba que tuvieran compasión y pudiera encontrar un simple empleo para poder vivir en mejores condiciones.
Estuve andando durante unas 4 horas seguidas, pero ese camino a lo largo del río que difuminaba un bello resplandor, no dejaba rastro de ninguna población.
Decidí pararme al cabo de media hora a descansar, y me comí el pan seco que hacía unos escasos dos días que lo había cogido de una basura al lado de la panadería más conocida del pueblo que dejé atrás.
Cuando hube terminado de comer un poco y dejar suficientes provisiones volví a retomar el camino. Cuando llevaba una hora a paso lento, empecé a ver unas nubes muy negras que se iban acercando rápidamente por acción del viento, hacia mí. Suerte que por fin vi una casa de campo a pocos kilómetros de mi situación actual. Esta vez si que cogí un paso más ligero y no tardé en llegar. Me pareció oír sonidos, que me hicieron alegrar, pero cuando lo comprobé llamando a la puerta no contestó nadie.
Parecía abandonada pero no estaba seguro de que lo fuese, podía ser una gente que no pudiese cuidar muy bien de ella por su elevada edad y que por este motivo esté así.
No me lo pensé tres veces y me quedé a esperar hasta la noche y si no llegaba nadie, entraría sin tocar nada y buscaría algo de comida y una cama confortable para dormir.
Lo cierto es que quería que estuviese abandonada, por un motivo, y es que hace 6 años que no duermo en camas como las que duerme todas las poblaciones a las que voy. Yo acostumbro a dormir en mi colchón y me conformó aunque he de mencionar que el estado de mi espalda es bastante malo.
Por fin llegó la noche y la espera se había acabado, ya podía entrar. Estaba muy excitado por entrar y ver una cama como Dios manda.
Entré y enseguida vi que estaba deshabitada. Había más polvo que en el barracón de herramientas de donde cogí el colchón.
Subí al segundo piso para ver si encontraba una cama. Para mi desgracia no había ni un solo mueble , ni comida ...Estaba furioso pero a la vez pensativo porque no sería mala idea tener una caseta aquí , entonces a la mañana siguiente podría buscar un pueblecillo que estuviera cerca y buscar un empleo y poderme comprar algún objeto o una cama.
Así fue como dejó de ser una idea para convertirse en realidad. Este será el nuevo hogar.
Cuando terminé de pensar fui al piso de abajo y cogí mis cosas para subirlas al segundo piso, y luego me fui a dormir, temiendo que esa noche tan negra que se veía, pudiera afectar a mis futuros planes.
Me levanté por la mañana y lo primero que hice fue abrir la ventana. El día era nublado pero no parecía que hubiese de llover. Así que me puse en marcha en busca de algún pueblo cercano donde cumplir mis planes.
Salí de casa, mi casa, y seguí por otro camino que se desviaba del río, ya que el camino estaba tan cercano al río que se había inundado esta misma noche.
Pronto vi un pueblo, un pueblo pequeño pero que parecía bastante acogedor.
Fui corriendo hasta allí y entré en una pequeña tienda de verdura y fruta.
Les pregunté por un empleo, si había alguien que buscara empleados por el pueblo. Me miraron mal, supongo que por mi forma de vestir, y me respondieron con una negación rotunda. Yo bastante triste, les miré fijamente y les dije que por favor, que podía trabajar de lo que fuera pero que necesitaba un sueldo.
Me miraron y el chico que traía las verduras en un camión, entró y me dijo que si quería lo podía ayudar en el reparto y que al final del día me traería hasta aquí.
Yo, cayéndoseme las lágrimas le di un abrazo y le di unas mil veces las gracias.
Él al ver que estaba tan contento me dijo que había algún inconveniente en este oficio, y es que tendría de irme trasladándome por mi cuenta a diferentes ciudades, es decir, lo que he hecho toda la vida pero cobrando un sueldo que todavía no sabía la cantidad pero que me daba igual.
Le dije que no suponía ningún inconveniente y le di las gracias otra vez.
Antes de que se fuese le pregunte por los horarios y riéndose me dijo que no había horarios y en cuanto al horario que empezaba ya, y que me espabilara en subir. Yo muy perplejazo subí con alegría al camión y nos fuimos.
No sé dónde iba, cuándo volvería ni como. Así que le plantee mis preguntas a él. Me dijo que acabaríamos tarde y que los primeros días me traería, y que más adelante ya tendría de poner en planteamiento mis traslados.
Fue un día bastante fatigoso y el deseo de volver a mi casa de campo eran extraordinarios. Le pregunté a Manuel, así se llamaba él, cuando me volvería a casa. Me apuntó que ahora ya me volvería hasta el pueblo, pero que no podríamos en menos de una hora.
Al cabo de una hora escasa me volvió al pueblo y muy cansado me dirigí hasta casa
Pasadas unas semanas de duro trabajo conseguí mi primer sueldo. Era muy poco enfrente al duro trabajo que había hecho, no me daba ni para pagar dos raciones de comida a la semana, así que me fugué hacía un nuevo destino.
La verdad, no fue tan fácil. Dejar esa casa tan mía atrás era todo un reto al que todavía no me había enfrentado.
Finalmente dejé mi pasado atrás otra vez y me fui. ¿A dónde? No lo podía saber.
¿Que me encontraría? A saber.
Lo que si sabía es que tenía ganas de vivir y que está vez tenía la impresión de que no fallaría.
Fueron largos días de andar y andar, pero como la impresión insinuó, al lugar donde llegó encontró a un antiguo amigo suyo que también era vagamundo, y al verlo le ofreció un trabajo y un lugar donde vivir. Los dos contaron sus largas historias de andar por el mundo buscando un lugar donde vivir y poder trabajar.
Estaba muy contento, mi vida de vagamundo se había acabado, pero sabía que no era solo yo así que durante un período de mi vida, fundé una asociación en el pueblo para acoger a los vagamundos. No tuvo éxito, pero lo había intentado y durante unos años había funcionado y había ayudado a muchas personas.
Así es como acabó mi vida, por eso pienso: Si no te desesperas y no te rindes, puedes conseguir tu objetivo



